La actividad contemplativa es una praxis activa, en tanto que la atención una posesión del momento presente. El tiempo obviado es inexistente, porque no hay tiempo sin constancia presente de aquello devenido. Las horas pasan en la medida en que pasa la mente, de un estado a otro, de un antes imprevisto a un después todavía mas imprevisto, y el tiempo se escurre entre tiempos inexistentes y la alternancia de momentos distintos. Contemplamos el sucederse como una efímera belleza inasible, intentando captar la mutación del ahora en el después que ya no es futuro, si no presente, o incluso pasado; y perdemos esa posesión fundamental de lo que somos en el tiempo como el agua que se escurre entre los dedos. La contemplación del inmutable tiempo verdadero y constante, única propiedad posible, la de ser poseído de antemano por la conciencia del propio tiempo objetivo reflejado en nuestro tiempo desposeído, es un yo que no cesa de ser menos nuestro que ese tiempo tan ajeno, pues su constancia es ir pasando sin dejar de ser nunca el mismo de siempre. No el conocido, particular y definible tiempo de aquello que devenimos mañana, si no aquel gran incognoscible que nunca llegamos a ser.
.
El sol se ha ido pero volverá, mañana el pronóstico vuelve a ser frío. Abrigaos bien, pero no demasiado, no vaya a ser que el sol os descubra de imprevisto... cuando mañana ya no sea mañana, si no un ayer que no ha llegado todavía, ni que lo hará mientras perdure el tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario